Respondiendo a los compromisos internacionales asumidos por México en la consolidación de una asociación mundial para el desarrollo y en armonía con los principios internacionales de la CID, las tres guías que orientan la cooperación mexicana a fin de hacer un uso más eficiente de los recursos son:
Complementariedad: es decir, los proyectos ejecutados y las acciones realizadas deben ser un apoyo a los esfuerzos nacionales a favor del desarrollo de los países, y en todo momento, se busca evitar la creación de dependencia hacia los recursos de la cooperación.
Autosostenibilidad: en el entendido de que la cooperación debe contribuir a establecer procesos de desarrollo fortalecidos e independientes, es decir, que puedan mantenerse con recursos propios, involucrando a los principales actores de los países beneficiarios.
Cofinanciamiento: donde las partes involucradas en proyectos y acciones de cooperación aportan conjuntamente los recursos financieros, humanos y técnicos requeridos para su desarrollo, evitando reproducir esquemas asistenciales.